Vuelve la energía nuclear a Japón
- Redacción

- 21 ene
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La central nuclear japonesa de Kashiwazaki-Kariwa, la más grande del mundo, reanudó el miércoles su actividad por primera vez desde la catástrofe de Fukushima de 2011, pese a que persisten las preocupaciones de una parte importante de la población local.

Arranque parcial
En esta primera fase, solo uno de los siete reactores de la central —la mayor del mundo por capacidad de producción— fue reactivado, según anunció el operador de la instalación.
Hora y operador
La puesta en marcha se realizó a las 19:02 horas locales, informó Tatsuya Matoba, portavoz de Tokyo Electric Power (Tepco), la empresa responsable de la central.
Aval político, rechazo social
El gobernador de la prefectura de Niigata, donde se ubica la planta, dio el mes pasado su autorización al reinicio.
Sin embargo, la opinión pública permanece dividida: una encuesta oficial reveló que 60% de los habitantes se opone a la reactivación, frente a 37% que la respalda.
Protestas bajo la nieve
Un día antes del reinicio, varias decenas de manifestantes se congregaron bajo la nieve cerca de la entrada de la central, a orillas del mar de Japón, para expresar su rechazo a la reanudación de las operaciones nucleares.
El temor que no se apaga
“La electricidad de Tokio se produce en Kashiwazaki, ¿y solo los habitantes de aquí deberían estar en peligro?”, cuestionó Yumiko Abe, vecina de 73 años, recordando que la central quedó detenida cuando Japón cerró todos sus reactores tras el triple desastre de 2011: terremoto, tsunami y accidente nuclear.

¿Es legítimo reactivar una central nuclear cuando los beneficios energéticos se concentran en grandes ciudades?
Desde una perspectiva económica y energética, la reactivación puede justificarse por la necesidad de garantizar el suministro eléctrico y reducir la dependencia de combustibles fósiles en un país con recursos limitados.
Sin embargo, el desequilibrio territorial del riesgo plantea un dilema ético: las comunidades cercanas a las centrales asumen peligros potenciales sin recibir beneficios proporcionales, lo que erosiona la confianza en las decisiones gubernamentales.
Este contraste sugiere que, más allá de la seguridad técnica, la viabilidad de la energía nuclear también depende de una distribución más justa de riesgos, beneficios y participación ciudadana en la toma de decisiones.



