Política nacional e internacional

La senadora indígena Aída Quilcué fue secuestrada este martes en el departamento del Cauca, en una zona de alta presencia de grupos armados, en medio de un repunte de violencia política durante el proceso electoral colombiano.

El presidente Gustavo Petro confirmó el hecho y advirtió sobre la gravedad del mensaje que implica este crimen contra los pueblos indígenas del país.
Interceptada en territorio controlado por disidencias
Quilcué fue raptada alrededor de las 13:00 horas mientras se desplazaba en una camioneta junto a sus dos escoltas.
La unidad fue localizada posteriormente sin personas en su interior.
La región donde ocurrió el secuestro es un territorio históricamente conflictivo, con presencia de disidencias armadas que operan fuera del acuerdo de paz de 2016.
Alarma nacional y respuesta del Estado
Desde el gobierno federal se activaron operativos de búsqueda, mientras el mandatario colombiano advirtió que, de no ser liberada, el hecho constituiría una “línea roja” y un agravio directo contra los pueblos indígenas del Cauca y del país.
La desaparición de la legisladora elevó el nivel de alerta institucional.
Una líder social bajo amenaza permanente
Aída Quilcué es una figura central del movimiento indígena nasa y una reconocida defensora de derechos humanos, la autonomía territorial y la identidad cultural.
Ha sido víctima de atentados previos y amenazas constantes por su labor política y social en regiones dominadas por grupos ilegales.
Violencia política en año electoral
El secuestro ocurre en un contexto de creciente violencia electoral, con ataques a figuras públicas, presiones armadas y asesinatos de escoltas en distintas regiones del país.
La proximidad de las elecciones legislativas y presidenciales ha intensificado los riesgos para líderes sociales y políticos.
Una historia marcada por la violencia
La senadora ya había sufrido tragedias personales vinculadas al conflicto armado: su esposo, también líder social, fue asesinado en la misma carretera donde ahora ella fue interceptada, reforzando el simbolismo trágico del lugar y la persistencia de la violencia estructural en la región.



