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Ciudades al límite: gentrificación sin freno

hace 6 días

En diversas ciudades del mundo, incluido México, se observa un retorno significativo de población desde los suburbios hacia las zonas urbanas.

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Este movimiento responde al cansancio por largos traslados, el deseo de estilos de vida más sostenibles y la búsqueda de acceso a bienes culturales, educativos y opciones económicas que ofrece la vida citadina.


Este repunte urbano, sin embargo, ha reactivado problemáticas históricas en torno al acceso a la vivienda y la calidad del entorno urbano.


La otra cara del resurgimiento urbano

El regreso a la ciudad ha generado una presión visible en barrios tradicionales, donde la gentrificación se ha vuelto un fenómeno central.

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Comercios típicos, pequeñas librerías, talleres y negocios familiares —que dieron identidad a estos vecindarios— se vuelven imanes para nuevos residentes con mayor poder adquisitivo. Paradójicamente, estos mismos elementos que vuelven atractivo un barrio son los que llevan a la expulsión de sus habitantes originales, quienes pierden acceso a precios de vivienda previamente asequibles.


Desplazamiento silencioso y desigualdad

Mientras las zonas se regeneran para nuevos residentes, las familias originarias se ven forzadas a reubicarse lejos de sus trabajos, convirtiéndose en los nuevos viajeros cotidianos.

Aunque la gentrificación genera inversión, demanda de servicios y recursos para la ciudad consolidada, sus beneficios difícilmente alcanzan a quienes han sufrido el desplazamiento.


Expertos advierten que este proceso agudiza problemas de gobernanza, inequidad y exclusión social en las metrópolis latinoamericanas.


Alternativas

Especialistas urbanos proponen diversas soluciones para equilibrar los efectos de la gentrificación.

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Entre ellas se encuentran políticas redistributivas que utilicen los recursos generados por el auge inmobiliario para revitalizar otras zonas desaprovechadas; programas para mejorar vivienda y servicios en barrios vulnerables; y estrategias dirigidas a fomentar pequeñas empresas mediante microcréditos y apoyos comunitarios.


Estas medidas buscan mantener el tejido social y evitar la expulsión masiva de habitantes.


Monterrey: gentrificación lenta pero creciente

Desde la construcción de la Macroplaza en los años 80 —que desplazó a más de 300 familias— hasta el Paseo Santa Lucía en 2007, el Centro ha experimentado transformaciones urbanas profundas.

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En la última década, la vivienda vertical ha crecido aceleradamente con más de 8 mil departamentos y rentas que se han triplicado, en medio de cuestionamientos por falta de inversión en infraestructura, movilidad y seguridad.


Población desplazada sin cifras oficiales

Aunque no existen datos exactos de cuántas familias han sido expulsadas del Centro de Monterrey, el incremento de rentas y valores catastrales evidencia un desplazamiento continuo.


Estudios muestran que la población local es cada vez más consciente y activa en su rechazo a estas tendencias, señalando presiones económicas, inseguridad y pérdida del tejido urbano tradicional como factores que alteran la vida comunitaria.

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El “elefante en la sala”

En la Ciudad de México, el Colegio de Urbanistas de México advierte que la gentrificación es solo la parte visible de un problema mayor: la nula producción de vivienda social y la falta de regulación urbana.


Expertos como Juan Carlos Zentella, Nina Carolina Izábal e Iván Amador alertan que, sin una estrategia integral, la capital se consolidará como una ciudad excluyente donde solo quienes pueden pagar rentas elevadas podrán permanecer.


La crisis de vivienda asequible se perfila como el punto crítico que definirá el futuro urbano de México.


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