Política nacional e internacional

La vivienda donde nació Adolf Hitler el 20 de abril de 1889 será convertida en una comisaría de policía en Braunau am Inn, localidad fronteriza con Alemania.

El proyecto impulsado por el gobierno austríaco busca “neutralizar” el simbolismo del lugar y evitar que se convierta en punto de peregrinación de extremistas de ultraderecha.
Sin embargo, la decisión ha despertado sentimientos encontrados entre vecinos y activistas.
El edificio, de propiedad privada hasta 2016, pasó a manos del Estado tras la aprobación de una ley específica.
Las obras de renovación —con un costo cercano a los 20 millones de euros— están por concluir y, según el Ministerio del Interior, la comisaría estará operativa en el segundo trimestre de 2026.
Frente a la casa, una piedra conmemorativa recuerda: “Fascismo nunca más”.
Austria, anexionada por la Alemania nazi en 1938, ha sido criticada por no asumir plenamente su responsabilidad histórica en el Holocausto.
Durante el régimen nazi, unos 65,000 judíos austríacos fueron asesinados y cerca de 130,000 se exiliaron.
El debate sobre cómo abordar esa memoria reaparece periódicamente, más aún en un contexto donde el ultraderechista Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), fundado por exnazis, lidera sondeos y fue el más votado en las legislativas de 2024, aunque sin lograr formar gobierno.
Para Ludwig Laher, del Comité Mauthausen Austria, instalar una comisaría es “problemático”, pues la policía protege lo que el Estado determine en cada sistema político.
Otros residentes consideran que el inmueble pudo destinarse a un centro de reflexión o a un espacio pedagógico que contextualizara históricamente el lugar.
También hay cuestionamientos por el elevado costo de la remodelación.
Algunos habitantes apoyan la iniciativa.
Argumentan que dar un uso institucional al edificio podría aportar “tranquilidad” y frenar concentraciones neonazis.
En años anteriores, el inmueble albergó un centro para personas con discapacidad, pero quedó abandonado con el tiempo.
La discusión refleja una tensión persistente en Austria: cómo transformar un símbolo del pasado sin borrarlo ni banalizarlo.



